Espero que os guste, intentaré igualar la historia de Alana
Ya era tarde, y estaba empezando a oscurecer. Alexis andaba sola por las calles de Logroño, ya casi eran las once y no quería llegar tarde. No era la primera vez que volvía sola a casa, pero esta vez se sentía nerviosa, como si presintiese que algo estaba a punto de suceder.
Torció en Duques de Nájera, apretando el paso. Sentía el latir de su corazón contra el pecho y en las sienes a medida que su cuerpo se tensaba, alerta.
Había pasado la tarde con sus amigas, al fin todas juntas; Tana, Elissa, Lucya, Alba, Estefi y Lucya habían conseguido ponerse de acuerdo para quedar todas el mismo día, y lo habían pasado genial. No era habitual que estuviesen todas, y eso hacía que Alexis apreciase aún más los momentos en que sí lo estaban.
A pesar de las manías de cada una se llevaban bastante bien, y la tarde no había estado desprovista de discusiones, emociones y debates. Alexis sabía que, en tema de ocurrencias extrañas, podía contar con sus amigas. Absolutamente.
¿Quién mejor que Lucía para montar teorías paranoides? ¿O Alba, Estefi y Tana para imaginar complicadas historias de terror que envolviesen mariposas carmesíes, zombis, canciones japonesas y fantasmas del pasado, atrapados para siempre en la nada por una sangrienta maldición? Desde luego, Elissa, con sus historias sobre vampiros y muertos vivientes tampoco era la excepción. Y Lucya, la única que esperaba no participase en el tema, las había sorprendido a todas con escalofriantes historias de ouija.
No era de extrañar que estuviese nerviosa.
Alexis miró a su alrededor sobresaltada. ¿Había oído ese ruido o se lo había imaginado? Sacudió la cabeza y soltó una breve carcajada nerviosa.
Estaba un poco paranoica últimamente, pero Logroño se había vuelto algo peligroso. A pesar de ser una ciudad pequeña, los casos de asesinato no paraban de aumentar, y eso era extraño.
Siguió andando, cada vez más deprisa. Ya estaba cerca de casa, con un poco de suerte hoy sus padres no le podrían reprochar haber llegado tarde.
“Otra vez ese ruido. Empiezo a pensar que no me lo he imaginado”
Se paró e intentó volver a oírlo. La calle estaba en silencio.
“Nada. Serán los nervios.”
Con un suspiro de resignación, dejó sus pensamientos vagar más allá de las calles frías y desiertas.
“La verdad es que esas muertes eran algo extraño, ayer lo comentaron en el periódico. ¿Seis muertes por desangramiento en dos semanas?”
Cuando lo había comentado con Elissa, una de sus mejores amigas, esta había respondido muy seria:
-Vampiros.
-¿Qué?
-Vampiros, chupasangres, Dreag-Dul, moroi, strigoti. Como quieras llamarlo.
-No digas tonterías.
Elissa se encogió de hombros indiferente.
-Todas las pistas están ahí. Sólo hay que saber qué buscar.
-Venga, Elissa, si tú ni siquiera crees en los vampiros.
Su amiga se rió, pero no era su risa habitual; esta era corta y seca, amarga y a un mismo tiempo burlona.
-Cree lo que quieras, Alexis, pero...yo no saldría de casa por la noche, si sabes a lo que me refiero.
Esa conversación dejó a Alexis con escalofríos durante semanas.
“Aunque ella siempre está hablando de vampiros y demonios. Seguro...seguro que sólo bromeaba.”
Alexis negó con la cabeza y siguió andando. Ahora no tenía tiempo de pensar en esas cosas. Ya tenía bastante con la vida real, no necesitaba buscarse más quebraderos de cabeza.
Al fin llegó a su portal.
“Las once menos diez. Todavía hay tiempo.”
Estaba buscando las llaves cuando un chico joven, que aparentaba unos dieciséis o diecisiete años, se le acercó corriendo.
-Buenas noches.- la saludó.
-Hola- dijo ella, abriendo la puerta. “¡Es guapísimo! Con esos ojos azules, ese pelo rubio y ese aire de misterio...Que viva en el edificio, por favor, por favor, menudo vecino sería.”
-¿Vives aquí?- le preguntó Alexis, al ver que entraba en el portal.-No te había visto antes.
-Sí, vivo en el 5º A, acabo de mudarme. –explicó, con una sonrisa deslumbrante.-¿Y tú?
-En el 2º B - respondió, entrando en el ascensor.
El chico entró detrás de ella, y Alexis fue consciente de pronto de lo pequeño que era el ascensor.
Él pulsó los botones, y siguió preguntando.
- ¿Cuántos años tienes, Alexis?
-Quince para dieciséis, ¿y tú?
-Doscientos veintisiete, según mis cálculos.- respondió, una sonrisa burlona en sus labios.
-Seguro- respondió ella, tratando de parecer seria, pero las comisuras de sus labios insistían en curvarse en una sonrisa. Entonces de dio cuenta de que ella no le había dicho cómo se llamaba. La sonrisa desapareció y Alexis sintió como todo su cuerpo se ponía en tensión, dispuesto a salir corriendo. Pero estaba dentro de un ascensor, ¿a dónde podía correr?-Espera un momento, ¿cómo sabes mi nombre?
El chico paró el ascensor. Estaba atrapada...con él.
- Permíteme que me presente. Soy Lestat. . .
“... de Lioncourt. Lestat el Vampiro.”-pensó Alexis, aterrorizada. Elissa le había hablado de él con fascinación, y habían visto juntas una película basada en su libro. Lucía y Elissa no habían pasado semanas, si no meses, hablando de él a todas horas, y deseando que fuese real.
“Pero es real.”
Alexis se estremeció.
“Esto no puede estar pasando”.
-Me alegro de que me conozcas. Eso hará esto aún más divertido.- dijo el vampiro, sus colmillos descubiertos descansando suavemente sobre su labio inferior en una mueca felina.
Lentamente se acercó a ella, y colocando la boca sobre su cuello, rozó la piel suavemente con sus dientes. Alexis no podía moverse, paralizada por el miedo.
Una punzada de dolor y placer le recorrió, y comprendió que le había mordido. La sangre, que ahora manaba libre de su cuello, manchaba la lengua del vampiro y de deslizaba por su garganta. Alexis sintió cómo poco a poco todo se volvía borroso, y el hilo que separaba la vida de la muerte se hacía más fino.
Cuando creía que ya no aguantaría más, que iba a morir, el vampiro se retiró de su garganta, y mordiéndose la muñeca le ofreció su sangre.
-Bebe.
Cuando el líquido tocó sus labios dejó de pensar. Sólo existía ese fuego líquido, y sus labios, y el ardor de su garganta. Y el corazón del vampiro, y el suyo propio, latiendo cada vez más rápidos, acompasados, animados por la sangre vampírica.
-Ya basta.-dijo el vampiro con suavidad.
Con cuidado, a pesar de que quería más –necesitaba más- Alexis se separó de la muñeca y se lamió los labios, disfrutando las últimas gotas de sangre y ese sabor.
Cuando pudo volver a pensar con claridad, supo que ya no era humana. Que ya no era mortal.
Era un vampiro, uno de esos seres increíbles que fascinaban y aterraban por igual, pero que nadie creía posibles. Sus labios se curvaron en una sonrisa felina idéntica a la de su maestro.
Miró a su alrededor fascinada, con sus nuevos ojos de vampiro, y sintió la sed rugiendo dentro de ella, reclamando más.
-Tengo sed.-dijo con su nueva voz, su potente voz de vampiro. Durante unos instantes se limitó a contemplar, pensativa, los distintos tonos que la formaban, pero pronto la sed se volvió demasiado acuciante- Quiero más.
-Ahora, querida mía, busquemos una víctima-respondió él, sonriendo como un padre indulgente.-¿Quien será el o la afortunada?
Alexis pensó en Elissa, en su obsesión por los vampiros.
Ella le había advertido de que no saliese sola de noche.
Debía devolverle el favor, ¿no es así?
Alegre, abrió el ascensor.
Ya tenía una víctima.