Capítulo 1
Espero que este capítulo os guste, lo escribo aquí para que podáis formar parte de la historia que hoy aparece aquí, pero que llegó a mis manos hace muchos Siglos. . .
Atrapados en una tumba de mármol, seis vampiros charlaban, tratando de hacer más llevadera la atormentadora sed que los consumiría por toda la eternidad. Todos ellos habían sido condenados por sus congéneres inmortales y confinados a aquella diminuta caja impenetrable. Ninguno de ellos había logrado provocar la más mínima grieta en la estructura que los mantenía prisioneros, y habían decidido sabiamente aceptar su destino y rendirse a él.
Una de las vampiresas, alta y esbelta, de largos cabellos negros que destellaban el color de la sangre ante sus ojos preternaturales y ojos negros como la noche se alzó y miró a sus compañeros de celda.
-La eternidad es demasiado larga como para malgastarla en silencio. – declaró, retando con su mirada a los demás vampiros a contradecirla.
Un vampiro, de porte elegante y grises ojos atormentados, asintió con la cabeza, acomodándose en el polvoriento suelo frente a ella.
-Ella tiene razón. Dejad de comportaros como humanos. Somos vampiros, inmortales. Tarde o temprano nuestro encierro terminará. Si no es con los años, con los siglos, y si no con los milenios, pero saldremos de este lugar. No sería sabio desperdiciar este tiempo de meditación y compañía que nos ha sido otorgado, tan extraño en esta raza solitaria.
Otra vampiresa, cuyo cuerpo no aparentaba más de doce años, se sentó junto al vampiro.
-Es cierto. Nuestro comportamiento, queridos hermanos, es vergonzoso.
Una tercera vampiresa, de cabellos ligeramente enmarañados y en cuyos ojos ardía la llama de la locura paseó furiosa por la pequeña habitación.
-¿Y qué sugerís que hagamos? No sé si lo habréis notado, pero estamos atrapados. ¡Atrapados! Nos pudriremos aquí abajo, sí, y los gusanos nos devorarán vivos, lentamente...
-¡Tranquilizate, anciana!- ordenó uno de los vampiros que aún no habían pronunciado palabra. La vampiresa pareció calmarse, y tomó asiento junto a sus compañeros.- ¿Y qué sugerís como tema de conversación? Ni tan siquiera conozco vuestros nombres.
La vampiresa que había hablado en primer lugar se sentó, cerrando el círculo de figuras marmóreas.
-Perdonad mi rudeza. Mi nombre es Elena, Princesa del Clan de Elenkil.
-Yo soy Deleinoen.- se presentó otro de los vampiros, un hombre que aparentaba tener unos diecinueve años, sus ojos eran marrones, y reflejaban en Elena una extraña sensación de familiaridad que se entreveía tras su mirada penetrante.
-Hace mucho tiempo, me dieron el nombre de Isildyn.-susurró la anciana.
-Si es necesario emplear un nombre, supongo que podéis llamarme tharren.- dijo el vampiro de ojos grises, inclinando ligeramente la cabeza en dirección a sus congéneres.
-Llamadme Paola.-se presentó la vampiresa de apariencia joven.
-Y yo soy Loss.- musitó el vampiro que había calmado a la anciana.
-¿Por qué motivo os encontráis encerrados aquí?- inquirió curiosa Paola.
-Es una larga historia.- gruñó Loss.
Varios de los vampiros hicieron gestos de asentimiento. Cuando uno ha vivido durante miles de años, el verdadero origen de sus acciones pueden remontarse siglos en el tiempo.
-El motivo por el que me hallo aquí es bastante simple, en mi caso.-suspiró Elena.-Es tan sencillo como haber amado al hombre equivocado.
-¿Por qué no nos lo cuentas? Tenemos, después de todo, la eternidad por delante...-invitó Deleinoen
-Está bien. Esta es mi historia.
Elena cerró los ojos, concentrándose en sus recuerdos, dándoles nueva vida. Con voz melodiosa, procedió a contar su historia a los demás vampiros.